¿Ha oído hablar de la ‘bulimia del ejercicio’? Este hombre sufre de eso

Luke O’Neil compara su obsesión por ir al gimnasio para ‘ganarse la cena del día’ con el conocido desorden alimenticio de comer y vomitar.

Hombre en gimnasio
El hombre hace ejercicio hasta que le duele para quedar medio satisfecho. | Getty

El hombre comienza su artículo publicado por la revista Esquire describiendo los paisajes hermosísimos que se pueden apreciar desde la cima de las pirámides en las ruinas de Oaxaca, México, pero no porque los haya disfrutado, sino porque su esposa le cuenta mientras él está ‘expiando culpas alimenticias’ en un gimnasio cercano.

El deportista obsesivo, que va al gimnasio por lo menos 360 días al año, narra otra de sus anécdotas en la que resultó levantando pesas en un colegio vacío durante un viaje a escocia a catar whiskies: “Yo parecía un pervertido de banca de parque haciendo ejercicio solo mientras el resto bebía en una destilería”, dice O’Neil, y continúa: “Luego me fui a trotar por un hermoso campo lleno de ovejas hasta que la batería de mi celular se murió y luego me perdí”. “Pero así soy yo”, se excusa.

O’Neil mide 1,80 metros y pesa 80 kilos, y no se considera un tipo musculoso, pese a ir todos los días al gimnasio, y no a entablar charla sino a ejercitarse, pero eso también podría ser un síntoma de su obsesión por el ejercicio, y es que si se mira al espejo, jamás va a estar satisfecho con como luce su cuerpo, lo que acerca su ‘condición’ a la bulimia alimenticia.

Y acerca de la sensación de cuando se mira al espejo, el tipo exclama: “Lo que veo en el espejo no corresponde a la realidad. Veo un pedazo de mi**rda y es cuando pienso que es hora de castigar a mi cuerpo por defraudarme”.

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Aunque su obsesión por el ejercicio, relacionada con la ingesta de alimentos, no está rotulada dentro del ‘Manual de diagnóstico y estadística para los desórdenes mentales’, él acaba de acuñar el término ‘bulimia del ejercicio’, que no solo se manifiesta por trabajar el cuerpo, sino por no dejarlo descansar y por aguantar hambre pensando que está muy gordo.

El obsesivo es consciente de que los resultados de su condición son negativos (aunque a él no le importa), y puede causarle debilidad mental y emocional, cuando cree que no se ha ejercitado lo suficiente; pérdida de densidad ósea; falta de nutrición, dolor en las articulaciones, fatiga muscular, lesiones recurrentes y fatiga persistente.

Pese a que el médico le ha dicho que repose para que deje recuperar el cuerpo y se alivie de una lesión de espalda, el hombre hace ejercicio hasta que las piernas no le dan y se le espasma la espalda, lo cual ‘soluciona’ con cantidades industriales de Advil.

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